"A eso
de la media noche, un joven se dirigía a su casa y pasaba por el cementerio de
La Legua, cuando había salido de una fiesta. De pronto, una señorita hizo señas
de que parara; entonces el joven paró su auto y le preguntó dónde vivía, y ésta
le dijo que unas cuantas cuadras más allá. La muchacha tiritaba de frío y él
ofreció su casaca. Entró la muchacha a su casa y el joven le dijo que vendría
al día siguiente a recoger su casaca. Al día siguiente, el joven regresó, tocó
la puerta y salió una señora anciana, de aspecto pobre y el joven le dijo que
venía por su casaca. Pero la anciana no entendía nada y le dijo que la persona
a quien buscaba había muerto hacía 5 años. El fue al cementerio y sobre una
lápida, encontró su casaca".
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