La Casa
Matusita es una vivienda de considerables dimensiones de dos pisos de altura.
Lo curioso del relato es que al parecer sólo en el segundo piso es en donde
ocurren estos supuestos hechos paranormales. Con el tiempo, sólo el primer piso
ha sido ocupado por negocios o, como es en la actualidad, por una entidad
bancaria, no obstante, nadie, parece atreverse a ocupar el segundo piso, y lo
que lo han hecho, según los creyentes del mito, no han salido con vida o han
sufrido una serie de trastornos y tormentos.
La leyenda,
por llamarla de algún modo, oficial de los creyentes, señala que en esta casa
vivía un señor perverso quien maltrataba y abusaba de sus dos únicos
sirvientes. Un día, cuando el dueño de la casa ofrecía un almuerzo a algunos
invitados, los sirvientes decidieron cobrar venganza. Cuenta la leyenda que los
empleados colocaron una substancia en los alimentos, no para matar a su jefe,
sino para ocasionarle trastornos mentales.
Luego de que
fueron servidos los platos, los sirvientes, que esperaban en la cocina para
esperar los resultados de su macabro plan, escucharon de pronto ruidos y gritos
provenientes de la sala. Creyendo que todo había resultado favorablemente, los
empleados acudieron rápidamente a la habitación. La imagen que vieron fue
aterradora: cuerpos despedazados por doquier, sangre en las paredes, en la
mesa, en el suelo. Todos los invitados, incluyendo su jefe, habían hallado en
esa cena una muerte trágica, violenta y terrorífica.
En este
sentido, la leyenda varía, pues otros aseguran que fueron los propios
sirvientes, la mucama y el mayordomo, quienes dieron muerte a su patrón,
asesinándolo y descuartizándolo con sus propias manos. Según indica esta
versión, los empleados luego de su asesinato optaron por prender fuego a la
casa, curiosamente, la casa nunca se quemó y los sirvientes fueron sentenciados
a pasar sus vidas en un manicomio.
Las otras
víctimas
Una de las primeras víctimas de la casa fue un
párroco quien haciendo caso de aquellos testimonios decidió por ingresar a la
casa para bendecirla y realizar un exorcismo. Según cuenta la leyenda, el
párroco murió debido la desesperación por querer salir de aquella vivienda. Se
dice que escuchó gritos y reclamos de los espíritus que allí se encontraban,
algunos dicen incluso que el párroco recibió escupitajos de estos supuestos
seres que habitan el lugar.
La segunda
víctima es quizá la más conocida debido a que este hombre era un personaje
público que trabajaba en la televisión nacional. Su nombre era Humberto Vilchez Vera, un conductor de
televisión que a finales de la década de los sesentas decidió apostar en cadena
nacional, que podía permanecer siete días en dicha casa sin sufrir ningún
trastorno o muerte. La leyenda, conocida por todos, recuerda que el animador
ingresó a la casa sólo con una cámara de vídeo en la mano y que luego de sólo
dos horas (algunos dicen que fue el cuarto día) el hombre de televisión salió
de la casa profiriendo insultos y gritos y botando, incluso, espuma por la
boca. Sucedido el hecho el animador obtuvo serias complicaciones psicológicas
por lo que fue recluido en un manicomio durante un período de trece meses,
nunca más se supo de él.
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